Con el triunfo de los candidatos republicanos a cargos legislativos en las elecciones de noviembre pasado, el escenario político y legislativo ha cambiado. Es probable que se produzca una mayor confrontación entre los poderes ejecutivo y legislativo sobre el rumbo del país y, más inmediatamente, las elecciones de 2012. En este contexto, las posibilidades de que el Congreso considere o apruebe una reforma migratoria pro-migrante están disminuyendo. .

Al llegar a la Casa Blanca, la administración Obama consideró que una iniciativa de reforma migratoria no tendría éxito si no se reforzaba previamente la seguridad fronteriza y no se aplicaban las leyes existentes. En consecuencia, se han invertido más de $600 millones en seguridad fronteriza y ha aumentado el número de deportaciones, alcanzando cifras récord en los últimos dos años, incluidas 392.862 en 2010. La estrategia no ha funcionado. El partido republicano se ha mantenido impasible y mantiene sus constantes críticas a la administración Obama.

Por ejemplo, en respuesta al informe presidencial del 25 de enero, en el que Obama expresó su deseo de volver al tema de la reforma migratoria, el Senador John Cornyn, quien dice apoyar la reforma migratoria, respondió en un artículo periodístico que hasta la fecha no ha visto un compromiso del presidente para abordar seriamente el problema con el partido republicano. El Partido Republicano y sus funcionarios electos seguirán exigiendo el fortalecimiento de la seguridad fronteriza y, aunque es deseable que el tema migratorio se desvincule del tema de la seguridad nacional, es poco probable que la administración Obama y los legisladores demócratas se arriesguen a proponer una alternativa diferente. curso. . Prueba de ellos es que las oficinas de servicios de inmigración, ciudadanía, etc. ahora están dentro del Departamento de Seguridad Nacional. El aumento de la narcoviolencia en México es un factor que alimenta tal percepción de la migración mexicana. En años anteriores ha habido esfuerzos de organizaciones pro-migrantes para desvincular la migración del tema de la seguridad, pero aún no han dado los resultados esperados. En este contexto adverso, es notable que las autoridades mexicanas hayan hecho poco para cambiar la percepción de los migrantes mexicanos. Por ejemplo, contrasta con la promoción que hizo en su momento a favor de la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1992-93, gastando grandes cantidades en campañas publicitarias, cabildeo político, etc. Hoy,