El actual es uno de los momentos más difíciles para ser migrante en Estados Unidos. La radicalización del discurso antiinmigrante y la incapacidad de generar una respuesta política para contrarrestarlo ha llevado tanto a los indocumentados como a quienes tienen visa temporal o permanente a sentir una gran inseguridad y ver que hay intentos de reducir sus derechos y beneficios. Por ejemplo, entre los residentes permanentes existe el temor de que los arrestos por problemas menores como conducir ebrio puedan conducir a la deportación a pesar de haber vivido en el país durante décadas. Los esfuerzos para enmendar la Constitución del país y negar la ciudadanía a los nacidos en los Estados Unidos pero de padres indocumentados eran impensables hasta hace poco.

Uno de los problemas de fondo es que desde 1986 el país no ha tenido una reforma migratoria integral. Las condiciones no se han dado y el ambiente político continúa deteriorándose, dando lugar al surgimiento de diversas iniciativas a nivel local y estatal que buscan llenar el vacío existente (en 2010 se aprobaron 346 iniciativas y resoluciones estatales relacionadas con la migración, la mayoría de ellos centrados en el empleo, la aplicación de la ley o las licencias de conducir). El último gran esfuerzo por una reforma migratoria integral, representado por la iniciativa Kennedy-McCain (Secure America and Orderly Immigration Act (S. 1033)) de mayo de 2005, no recibió el apoyo necesario y ahora hasta el Senador John McCain se niega a adoptar una postura parecida. En su última campaña de reelección, el senador de Arizona enfatizó su apoyo a las medidas de control, como reforzar la seguridad en la frontera. Igualmente notable es el hecho de que en la Cámara de Representantes, el subcomité de inmigración ha sido renombrado por la nueva mayoría republicana y ahora se llama Subcomité de la Cámara sobre Política y Cumplimiento de la Inmigración.