Patrones históricos y oposición recurrente

Los mexicanos ocupan el primer lugar entre los grupos nacionales con mayor número de inmigrantes. Se estima que hay aproximadamente 11 millones y que poco más de la mitad son indocumentados. Tales cifras reflejan el presente de un patrón histórico de migración hacia el norte que tiene casi un siglo y medio. A diferencia de otros casos, la migración mexicana ha sido continua desde finales del siglo XIX, cuando los patrones estadounidenses iniciaron el reclutamiento masivo de mexicanos para trabajar en los ferrocarriles, la agricultura, las minas y la industria. La demanda de mano de obra ha persistido y, en momentos como la Segunda Guerra Mundial, aumentó considerablemente.

Durante gran parte de este período los flujos fueron circulares. Este patrón ha cambiado significativamente a medida que ha aumentado la militarización de la frontera con México. Otro impacto posiblemente inesperado de tal política de migración/seguridad es que los migrantes han optado por traer a sus familiares a los Estados Unidos en lugar de continuar con la antigua tradición de retornos anuales a México. En consecuencia, ha habido un aumento en el número de mexicanos indocumentados. La oposición a la inmigración mexicana no es unánime ni nueva. En algunos periodos históricos, los mexicanos se han visto beneficiados por políticas migratorias (por ejemplo, la Ley de Exclusión de Chinos de 1882 provocó la importación masiva de mexicanos, el Programa Bracero ofreció 4.5 millones de contratos de trabajo temporal) y en otros se han convertido en los favoritos objetivo de las fuerzas políticas/sociales (Gran Depresión de 1929, presente). Estas posiciones han coexistido y la relevancia de cada una ha sido el resultado de la correlación de fuerzas en ese momento.