Para que el diálogo entre las organizaciones de migrantes se traduzca en acciones concretas, se necesita una participación proactiva, crítica y proactiva. Esto requiere de organizaciones institucionalmente fuertes que cuenten con un sólido equipo de trabajo encargado de formular acuerdos que se reflejen en programas específicos y darles seguimiento. Por lo tanto, es fundamental fortalecer y consolidar institucionalmente a las organizaciones de migrantes. También es necesario desarrollar sus habilidades y destrezas técnicas y metodológicas para diseñar estrategias, programas y proyectos de desarrollo.

Esto representa uno de los grandes desafíos para las organizaciones de migrantes, particularmente las de Estados Unidos, por lo que es fundamental fortalecer los clubes y federaciones. Un segundo desafío identificado por Rivera – Salgado y Bada (2010) es que muchos líderes migrantes trabajan aislados, básicamente sin apoyo. Esto se debe a varias razones, algunas relacionadas con el tema abordado en el párrafo anterior y otras relacionadas con la falta de acceso a recursos de financiamiento, así como la falta de nuevos liderazgos en la comunidad migrante. Un tercer desafío que se puede identificar es cómo lograr que los procesos de incidencia de estas organizaciones se estructuren de tal manera que se canalicen a través de una sola voz, pero que incluya la pluralidad de visiones y objetivos, y al mismo tiempo responda a demandas locales. También nos encontramos ante desafíos de carácter estructural. Consideremos, por ejemplo, las condiciones en las que trabaja la sociedad civil en México: ¿Cómo incentivar a las personas a trabajar en organizaciones civiles? En nuestro país, la cantidad de personas que trabajan en organizaciones sociales es bastante baja, especialmente si se compara con otros países. Según Salomón, et. al., solo 0.4% de la Población Económicamente Activa en México trabaja en organizaciones civiles (2003). Cabe señalar que este porcentaje incluye a las personas que realizan trabajo voluntario en México, y no solo a quienes cobran por su trabajo. Consideremos, por ejemplo, las condiciones en las que trabaja la sociedad civil en México: ¿Cómo incentivar a las personas a trabajar en organizaciones civiles? En nuestro país, la cantidad de personas que trabajan en organizaciones sociales es bastante baja, especialmente si se compara con otros países. Según Salomón, et. al., solo 0.4% de la Población Económicamente Activa en México trabaja en organizaciones civiles (2003). Cabe señalar que este porcentaje incluye a las personas que realizan trabajo voluntario en México, y no solo a quienes cobran por su trabajo. Consideremos, por ejemplo, las condiciones en las que trabaja la sociedad civil en México: ¿Cómo incentivar a las personas a trabajar en organizaciones civiles? En nuestro país, la cantidad de personas que trabajan en organizaciones sociales es bastante baja, especialmente si se compara con otros países. Según Salomón, et. al., solo 0.4% de la Población Económicamente Activa en México trabaja en organizaciones civiles (2003). Cabe señalar que este porcentaje incluye a las personas que realizan trabajo voluntario en México, y no solo a quienes cobran por su trabajo. especialmente cuando se compara con otros países. Según Salomón, et. al., solo 0.4% de la Población Económicamente Activa en México trabaja en organizaciones civiles (2003). Cabe señalar que este porcentaje incluye a las personas que realizan trabajo voluntario en México, y no solo a quienes cobran por su trabajo. especialmente cuando se compara con otros países. Según Salomón, et. al., solo 0.4% de la Población Económicamente Activa en México trabaja en organizaciones civiles (2003). Cabe señalar que este porcentaje incluye a las personas que realizan trabajo voluntario en México, y no solo a quienes cobran por su trabajo.

En este sentido, es necesario colocar en primer orden de prioridades el tema de la promoción de la equidad de género en la sociedad civil migrante. Las mujeres tienen un papel protagónico que desempeñar. Según estimaciones del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) de la población mexicana residente en Estados Unidos, 56.1% son hombres y 43.9% mujeres. Es necesario que tanto los promotores de las organizaciones binacionales como las propias organizaciones adopten políticas proactivas de equidad, para lo cual se puede considerar una multiplicidad de herramientas, como cuotas, talleres de liderazgo y proyectos específicamente diseñados para mujeres.