Durante los últimos veinte años, los migrantes organizados, particularmente en clubes y/o federaciones, han logrado influir de manera efectiva en las políticas relacionadas con el desarrollo social y económico de México, específicamente en sus lugares de origen (Córdova 2010). El ‘Programa 3×1 para Migrantes’ es quizás el ejemplo más claro y paradigmático de cómo se ha creado una sinergia entre el gobierno –en sus tres niveles– y las organizaciones civiles de migrantes para beneficiar a todos los actores involucrados, en especial a las y los mexicanos en las localidades de origen de los migrantes. Para entender cómo se originó este programa, es importante remontarse a la década de 1980, cuando se realizó uno de los primeros acuerdos entre la Federación de Clubes Zacatecanos del Sur de California y el gobierno del estado de Zacatecas para crear el Programa ‘Zacatecanos Ausentes’. En este convenio, el gobierno estatal se comprometió a aportar un dólar por cada dólar invertido por la Federación para proyectos locales. Aunque solo se implementaron 28 proyectos bajo el programa, sirvió como modelo para que surgieran programas similares a nivel estatal y federal, así como para que la Federación de Clubes Zacatecanos comenzara a fortalecerse institucionalmente (Lanly y Hamann, 2004).

El gobierno federal siguió el ejemplo de Zacatecas y en 1993, la actual Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) creó el Programa de Solidaridad Internacional, mejor conocido como el ‘Programa 2×1’. Bajo este nuevo esquema, los gobiernos federal y estatal acordaron invertir un dólar por cada dólar aportado por las federaciones de migrantes. En dos años, el programa pasó de siete proyectos en siete localidades a 30 proyectos en 21 localidades (Loc. cit.) y aunque la mayoría se llevó a cabo en Zacatecas, con el tiempo se involucraron nuevos estados. El Programa 3×1 fue creado en 1998 en el estado de Zacatecas y funcionó hasta el 2001 cuando el gobierno federal, a pedido de los líderes migrantes y con una nueva administración, lo retomó para darle una nueva dimensión. A partir de 2002, SEDESOL comenzó a recibir solicitudes de apoyo de clubes de migrantes en los Estados Unidos y de grupos de personas organizadas en las comunidades de origen para recibir recursos a través del Programa ‘Iniciativa Ciudadana – 3×1’. Este nuevo esquema incluía la inversión de los gobiernos municipales para obras de infraestructura.

Debido al proceso de incidencia de los líderes migrantes, en 2004 el programa se transformó y a partir del año siguiente SEDESOL sólo aceptó iniciativas de la diáspora organizada en los Estados Unidos. Durante sus primeros tres años de existencia, entre 2002 y 2005, el Programa financió 4.980 proyectos en 26 estados (Soto y Velázquez 2006: 17). García Zamora (2007) plantea preguntas centrales sobre el Programa 3×1, pero hay una que es particularmente relevante para el tema en discusión: ¿Cómo generar alternativas de inversión y que las distintas dependencias
de los tres niveles de gobierno faciliten la creación de microproyectos empresariales de iniciativa migrante que permitan canalizarlos a través de programas de inversión específicos para ellos, evitando vulnerar el Programa 3×1, que tiene una lógica eminentemente solidaria de apoyo comunitario, y no empresarial. ¿lógica? García Zamora (2008:12) destaca el hecho de que varios actores, incluidas las federaciones de migrantes, reconocieron “que el Programa 3×1 tiene una lógica solidaria de apoyo a las comunidades [por lo que es necesario] buscar la creación de una nueva institución del programa para las inversiones y microproyectos productivos de [los y] migrantes, cuyo objetivo central, como en todo proyecto empresarial, es la obtención de beneficios [económicos].