Durante el taller ‘Retos y oportunidades en la cogestión de proyectos comunitarios transnacionales’, organizado por Katrina Burgess en 2010, representantes de clubes de migrantes, academia, organizaciones civiles y agencias gubernamentales identificaron que fortalecer la comunicación entre las comunidades y promover el desarrollo de capacidades y la educación dentro de ellos es un aspecto central para que los programas a los que tienen acceso los migrantes con el objetivo de generar proyectos sociales y económicos funcionen a mediano y largo plazo. Además, es fundamental fortalecer los vínculos con las comunidades, para lo cual los comités de obra pueden ayudar como contraparte oficial de los clubes y utilizar herramientas tecnológicas para facilitar el fortalecimiento de dichos vínculos.

Otras conclusiones relevantes a las que llegaron estos actores en el taller fueron las siguientes:
1. Hacer un diagnóstico que considere las necesidades de la comunidad, la disponibilidad de recursos propios y analizar la disposición de las personas a participar en las comunidades en México y ¿En qué están dispuestos a participar? Estos diagnósticos deben ser necesariamente de carácter binacional.
2. Es necesaria una mayor comunicación entre las comunidades vecinas para que se puedan aunar esfuerzos a fin de diseñar proyectos con impacto regional.
3. Establecer grupos de clubes (no federaciones) para promover obras regionales. En este sentido, es claro que se pueden vencer las resistencias y despolitizar los programas para realizar proyectos intermunicipales e interestatales.
4. Es fundamental que los programas faciliten el mantenimiento y seguimiento de los proyectos sociales y económicos.
5. Los actores involucrados deben evitar reproducir el paternalismo migrante en los proyectos productivos. En todo momento se debe fomentar la visión de que el desarrollo es corresponsabilidad de todos los actores.
6. La clave del Programa 3×1 es la comunicación franca, abierta y permanente entre las cuatro partes, por lo que es importante mantener un diálogo constante. Lo ideal es que todos los actores analicen cuál es el mejor mecanismo de control, para evitar malos manejos y que los proyectos se desarrollen de la mejor manera.

Otro desafío que debe incluirse en la agenda es la necesidad de promover la participación equitativa de mujeres y jóvenes en este tipo de iniciativas. Si bien las Reglas de Operación del Programa 3×1 para el ejercicio 2011 establecen que el “Programa promoverá la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, mediante la incorporación paulatina de la perspectiva de género en las distintas fases de su funcionamiento, específicamente en cuanto a la desagregación de información e indicadores y evaluación externa”, aún no es posible identificar los pasos que conducen a este objetivo, así como los elementos que permitan encontrar información desagregada por sexo en cuanto a cobertura e impacto, tanto en los documentos generados por SEDESOL, como en las propias evaluaciones externas.

En efecto, el papel de la mujer en el fenómeno migratorio debe ser tomado en cuenta en el diseño y operación de programas públicos que promuevan la participación de las personas migrantes en el desarrollo de México, pensado desde una doble dimensión: por un lado, en algunas regiones, son principalmente los hombres los que emigran, lo que convierte a las mujeres en actores naturales en el desarrollo de las comunidades de origen; pero, por otro lado, aunque las estadísticas fluctúan por región e incluso según las condiciones económicas de Estados Unidos, lo cierto es que la emigración de mujeres a Estados Unidos también es importante no solo por su participación como remitentes de remesas, sino también por el liderazgo que pueden ejercer en la búsqueda de oportunidades para acceder a recursos públicos para el desarrollo local.

Para ilustrar este punto, considere los siguientes datos. De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) de la población mexicana residente en Estados Unidos, 56.1% son hombres y 43.9% mujeres; la mayor parte de esta población tiene una composición demográfica joven; De los 11.9 millones de mexicanos que residen en Estados Unidos, 56.1% tiene entre 15 y 39 años; Desagregado por sexo, el porcentaje de hombres entre 15 y 39 años es mayor que el de mujeres (32,8 y 23,3%,
respectivamente).

En cuanto a la dinámica de la relación hombre-mujer de los migrantes mexicanos residentes en Estados Unidos, estimaciones del INEGI realizadas a través de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2007 muestran que está compuesta por 128 hombres por cada 100 mujeres. Esta tendencia ha variado a lo largo del tiempo, aunque se aprecia una propensión a una mayor migración masculina. Mientras que para el “período 1990-1999 el indicador desciende a 120 hombres por cada 100 mujeres, luego de haber alcanzado un valor de 124 en la población que ingresaba los años anteriores, para los años entre 2000 y 2006 el indicador muestra una relación de 140 hombres por cada 100 mujeres. Finalmente, de los 183,000 mexicanos estimados que ingresaron a Estados Unidos durante 2007 […] 177 hombres por cada 100 mujeres,

Aunque idealmente los programas federales, estatales y municipales deben ser parte de un stestrategia para generar un desarrollo sustentable y equitativo en México, los migrantes no pueden esperar a que los actores de todos los niveles se coordinen para generar una política de este tipo. Este es un objetivo a mediano y largo plazo. Sin embargo, hay temas planteados que son específicos y es fundamental comenzar a sensibilizar, negociar, cabildear e incidir para que estos cambios se traduzcan en acciones concretas en México y Estados Unidos. Sin embargo, la diáspora mexicana en Estados Unidos ha identificado la urgencia de crear un equipo multidisciplinario para avanzar en la búsqueda de modelos alternativos que promuevan un desarrollo regional más justo y equitativo, que reduzca la desigualdad económica y social que existe en el país. . En este esfuerzo, será fundamental no perder de vista que existen condiciones que escapan de las manos de los migrantes, como la situación de la economía del vecino país del norte y su impacto en la capacidad de envío de personas y remesas colectivas. Sin duda, es un aspecto que debe ser considerado en el diseño mismo de las iniciativas que se impulsan. El Foro México puede ser un parteaguas en este asunto.