Durante los últimos veinte años se han logrado avances importantes para constituir organizaciones de la sociedad civil (OSC’s) de carácter binacional, que trabajen en Estados Unidos y México para avanzar en la promoción y defensa de los derechos humanos de las personas migrantes, particularmente en el país destino, así como en proyectos que fomenten el desarrollo social y económico en las comunidades de origen.

En este sentido tres de las organizaciones más paradigmáticas son la Federación de Clubes Zacatecanos del Sur de California (FCZSC), la Federación de Clubes Michoacanos en Illinois (FEDECMI) y el Frente Indígena Oaxaqueño Binacional (FIOB). Cada una de éstas ha desarrollado diferentes estrategias, plataformas y actividades que las han institucionalizado como organizaciones de carácter transnacional, creando nuevas estructuras y mecanismos de coordinación binacional. Lo que estas y otras organizaciones similares han dejado en claro es que las organizaciones de migrantes son un actor que transforma la realidad política, social y económica de las comunidades de origen y de destino. Más aún, cuentan con un potencial enorme para incidir en el bienestar de la comunidad migrante y de sus familias en los ámbitos local, estatal y nacional. Estas organizaciones pueden ser identificadas como parte de la sociedad civil transnacional, aquella que “a pesar de contar con comunidades y redes sociales en
Estados Unidos sigue preocupándose y apoyando a sus comunidades y países de origen, ubicando especial atención en el desarrollo comunitario local” (Shannon 2006: 85).

Una de las características centrales de esta sociedad civil transnacional o binacional, es que desarrolla sus actividades en los países de origen y destino de manera simultánea. En otras palabras, las personas que integran estos grupos ciudadanos participan en la vida pública tanto en Estados Unidos como en México. En noviembre de 2010, durante la última asamblea de la Acción Global de los Pueblos sobre Migración, Desarrollo y Derechos Humanos (AGP) realizada en la Ciudad de México y durante las Jornadas de la Sociedad Civil, organizadas en el marco del IV Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo en Puerta Vallarta, uno de los ejes centrales del debate fue el tema de cómo fortalecer a las organizaciones de migrantes. Fox y Gois (2010) identifican que usualmente las organizaciones de migrantes surgen en un contexto donde diversos tipos de organizaciones de la sociedad civil, no únicamente aquellas lideradas por migrantes, interactúan con otros actores para incidir en diferentes temas de interés para la sociedad. Incluso esto sucede en un momento cuando los gobiernos muestran cierta disposición y apertura para dialogar en algunos temas en particular (Bada, et. al. 2010).
Las agendas de las organizaciones usualmente se entrelazan, como en el caso de la agenda de desarrollo en México. El reto es identificar cuándo y bajo qué condiciones las personas migrantes se involucran tanto a nivel local como transnacional, lo que se entiende como transnacionalismo activo.

En este sentido ¿Qué facilita e incentiva que las organizaciones de migrantes maduren, se institucionalicen y participen activamente en los procesos de incidencia en aquellos temas que les afectan directamente, tanto en las comunidades de origen y destino? ¿Qué factores internos y externos facilitan el proceso de construcción de capacidad de autorepresentación, como refieren Fox y Gois (2010)? Una vez identificado esto es posible responder a la pregunta:
¿Cuáles son los retos que enfrentan las organizaciones y cómo pueden otros actores (agencias gubernamentales, fundaciones privadas, sector privado y otras OSC’s) apoyarlas para que este proceso sea efectivo, eficiente, constante y permanente?